Summerlove

Monday, May 19, 2025

Capítulo 1

Niall's POV:

Rodé los ojos y le di otro trago a la cerveza que tenía en la mano mientras veía los últimos rayos del sol iluminar la playa. No estaba seguro en qué momento los demás habían empezado a tomar más, pero yo no estaba lo suficientemente ebrio como para seguir dando una explicación que claramente ya no iban a entender.

—No, no… a ver, yo sí entendí —dijo Harry, incorporándose después de estar tirado con la cabeza recargada en Zayn—. Era tu amiga hace mucho, vive en la ciudad con su mamá, se murió su… alguien, y vienen a relajarse.

—No, no es su amiga —negó Zayn con una sonrisa divertida, tratando de encontrarle sentido a lo que yo ya había explicado dos veces.

—¿Por qué vendrían a relajarse después de que murió alguien? —preguntó Louis, mirándolos confundido antes de dar un trago más a su bebida—. ¿Nialler? —me miró, esperando una tercera explicación que simplemente me negué a dar. —Niall, por favor, sí estamos poniendo atención...—

—Mejor les digo mañana. Igual debo irme —murmuré. Realmente era tonto volver a explicarlo cuando sabía que solo se revolverían más. Escuché sus reclamos mientras me levantaba y metía los pies en los tenis, forzándolos a entrar sin desamarrar las agujetas. Lo había hecho tantas veces que ya era sencillo ponérmelos y quitármelos sin esfuerzo.

No podía decir que estaba enojado con ellos, pero no era la primera vez que mencionaba que Brooklyn y su mamá vendrían por el verano, y no parecía importarles hasta que la fecha se aproximó.

El camino a casa desde la playa era de unos diez minutos. Usualmente lo alargaba a quince para escuchar dos canciones más en mis audífonos, pero esta vez tendría que sacrificar esos minutos extra.

Mi padre estaba vestido con una camisa que no solía usar a menos que mi mamá le dijera: “deberías usarla, te queda muy bien”. No es que mintiera, pero era de las cosas más formales que tenía, y claramente de sus menos favoritas.

—Niall, es tarde —dijo mi madre mientras bajaba las escaleras, poniéndose uno de los aretes. Ella también se había arreglado un poco más de lo normal, con un vestido amarillo con un patrón de líneas blancas, de poca opacidad.

—Pero ya estoy aquí.—

—¿Y te vas a ir vestido así? —aunque lo dijo como pregunta, era obvio que no me estaba dando opción.
—Niall, vamos a ir a cenar a un lugar bonito, por favor.—

Fruncí suavemente el ceño, a punto de reclamar, pero su mirada me detuvo. Solo dije un “ya voy” mientras pasaba a su lado, subía y entraba a mi habitación.

“Un lugar bonito”… Ir a cenar a la marina no es un “lugar bonito”, solo tiene una buena vista hacia los barcos por la noche. Eso no quiere decir que debamos ir formales. Abrí el armario, mirando las opciones unos segundos: unos jeans oscuros y una playera tipo polo color crema era lo mejor que iba a ofrecer esta noche. Además, claramente las dos visitantes no vendrían muy formales… no viniendo en tren a Brighton.

—¡Niall! ¡Vámonos, su tren llega en quince minutos! —Alcé una ceja al escucharla. En auto, la estación estaba a menos de cinco minutos, pero también entendía que estaba emocionada.

Aunque lleva emocionada más de un mes desde que recibió la noticia, y al menos dos veces a la semana nos repite la historia.

Jazmín y ella eran mejores amigas desde la infancia hasta la universidad, donde Jazmín se casó con “algún idiota” (palabras de mi madre, no mías) y se fueron a vivir a Londres. Tuvieron una hija, Brooklyn, y meses después se separaron. Mi madre siempre intentó persuadirla de regresar a Brighton, pero Jazmín había conseguido un buen trabajo.

Aunque esta sería la primera vez en casi veinte años que Jazmín regresaría, mi madre la ha visitado un montón de veces. Al final, solo son como dos horas en tren.

¿Qué cambió esta vez? Bueno, la madre de Jazmín murió a finales del año pasado. Ella ya vivía en Londres con su hija y su nieta desde hacía años, dejando su casa deshabitada aquí. Así que, con los sentimientos un poco más procesados y aprovechando las vacaciones de verano, Jazmín y Brooklyn vienen a arreglar la casa y venderla. Aunque, claramente, también es la excusa perfecta para que las dos mejores amigas pasen todo el verano juntas.

—¡Niall! ¡Tu padre ya está encendiendo el auto, vamos! —Sí, definitivamente está más emocionada que en todos los días anteriores.

Terminé de arreglarme el cabello, pasándome los dedos un par de veces por los mechones rubios mientras bajaba las escaleras y salía por la puerta abierta, cerrándola detrás de mí. Me dirigí al auto, que efectivamente ya estaba encendido.

—Estoy segura de que Brooklyn te va a caer bien. Es una chica muy linda e inteligente. Sé que eso no va a ser un problema. ¿La recuerdas?—



La miré desde el asiento trasero, negando mientras intentaba ocultar la obviedad de ello. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no hartarme de esas conversaciones. Según ella, Brooklyn y yo nos conocimos cuando yo tenía como dos años, y por alguna razón eso debería ser suficiente para recordarlo todo.

Al llegar a la estación, mi madre bajó casi saltando del auto, dejándonos unos segundos solos. Mi suspiro debió ser más ruidoso de lo que pensé, porque mi papá soltó una risa.


—Ya sé, pero solo está emocionada. Algo me dice que casi no la veremos mucho estas semanas, ahora que esté con Jazmín todo el tiempo —dijo, apagando el auto y abriendo la puerta para bajarse.

Sin alargar más el momento, lo seguí. Dejamos el auto en el estacionamiento y entramos a la estación, donde dos mujeres emocionadas se abrazaban. Mi mirada, sin embargo, se enfocó en la chica a su lado, que sostenía las dos maletas, una en cada mano.

Cabello largo y oscuro que caía en mechones por debajo de los hombros, con el rostro despejado gracias a algún peinado que no me pondría a analizar.

—Ay, Brooke, hace tanto que no te veía. Cada día estás más bonita —dijo mi madre, haciéndola sonrojar mientras la abrazaba con una felicidad auténtica. Luego saludó a mi padre con la misma sonrisa y, por último, desvió la mirada en mi dirección.

—Niall, si no me equivoco —habló con un ligero acento, del tipo que solo escuchas en la televisión. De inmediato se notaba que era una chica de ciudad. Pero lo que más me sorprendió fue la perfecta pronunciación de mi nombre, lo que me hizo sonreír de inmediato.

—Muy lista, Brooklyn —reí suavemente, devolviéndole el nombre.


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La cena fue en uno de los mejores restuarantes del lugar con mesas y sillas de una madera clara que se distinguía del piso de madera del piso que nos elevaba por encima del mar y luces cálidas colgando entre las columnas que daban justo hacia el muelle. La marina tenía ese encanto relajado que mi madre siempre exageraba, pero debo admitir que en verano —cuando el aire huele a sal y a pan recién horneado— sí tenía algo especial.

Nos sentamos en una mesa junto a la baranda que daba al agua. Jazmín y mi madre hablaban como si no se hubieran visto en veinte años en lugar de tres, riéndose bajito mientras hojeaban el menú, sin darse cuenta de que el mesero ya había venido dos veces.

Brooklyn estaba sentada frente a mí, con el mentón apoyado en una mano y los ojos escaneando el menú como si de verdad fuera tan complicado elegir algo del menú, tampoco era muy extenso. Tenía una expresión tranquila, aunque se notaba que todo le resultaba nuevo. ¿O tal vez incómodo? 

—¿Siempre es así de... brillante aquí? —me preguntó de pronto, alzando una ceja y haciendo un pequeño gesto hacia las lucecitas colgadas.

—Solo cuando quieren impresionar a los turistas —respondí con una sonrisa, dejando que mis dedos jugaran con el vaso de limonada que había pedido en uno de los intentos del mesero de tomar la orden.—. Si vienes en febrero, no hay más que viento y gaviotas locas robándote las papas fritas.

Brooklyn rió, y me sorprendió lo fácil que fue. Sonaba genuina, y su sonrisa se le subió a los ojos.

—Amo las gaviotas ladronas. Tienen carácter —dijo, cerrando el menú y su mirada fue cautivada por el mar que se perdía en la oscuridad, pues el anochecer nos había atrapado en camino aquí. —Me encanta el mar... —murmuró en algo que incluso parecía intimo, siempre se ve a los turistas adorando la principal atracción del lugar, pero Brooklyn lo miraba como si estuviera viendo amor a primera vista— Aunque nunca podría vivir en un lugar así. Es... lento.

—Sí, pero es el tipo de lento que se te mete y luego no quieres irte.

—¿Así te sientes tú?

Me quedé en silencio un segundo más de lo necesario. Su pregunta no parecía tener doble intención, pero aún así me descolocó un poco. No por lo que dijo, sino por cómo lo dijo. Como si de verdad le importara saber la respuesta.

—A veces sí —dije al fin—. Pero otras siento que si no salgo pronto, me voy a volver parte del fondo de este lugar. Como una roca más en la playa.

Ella asintió, como si me entendiera a la perfección a lo que me refería.

—Eso no suena tan mal —murmuró.

—¿Ser una roca?

—No tener prisa por irte —aclaró con un tono divertido por mi pregunta, encogiéndose de hombros. Su mirada se desvió una vez mas hacia el barandal, donde las luces se reflejaban en el agua oscura. El viento le movió un mechón de pelo, y por impulso, extendí mi brazo sobre la mesa y lo aparté de su rostro con la punta de mis dedos.

Fue apenas un gesto, nada exagerado, pero sus ojos volvieron a mí tan rápido que sentí que se me detenía el corazón por medio segundo.

—Tenías... eso —dije, señalando el mechón, como si eso explicara cualquier cosa.

Ella bajó la mirada con una pequeña sonrisa con ese sonrojo de nuevo en sus mejillas y esta vez no dije nada más, agradeciendo al mesero apareciendo una vez mas con la intención de está vez tener el pedido completo.

Por suerte no tuve que romper el silencio después de mi tonto acto, pues la conversación entre nuestras madres terminó incluyéndonos a todos por un largo rato hasta terminar el postre cuando sentí un pequeño golpe en el hombro con el teléfono de mi mamá.

—Tómanos una foto, ¿si?— asentí mientras me levantaba siguiéndolas hasta un area sin mesas donde las mejores amigas posaron para la foto que todo turista tomaba aquí con el fondo del mar que se combinaba con el cielo y la luna y las luces de los barcos que alumbraban la escena.

Después de varias tomas sentí la mirada de Brooklyn detrás de mi quien sonreía ante las dos mujeres, realmente era tierno verlas actuar así. 

—¿Quieres que te tome una? —le pregunté, con un tono en broma.

—¿A mí? —respondió con una sonrisa divertida, como si la idea le pareciera tonta y rara al mismo tiempo.

—Claro, obvio. Necesitas con que presumir que estas en Brighton. —le dije, con una sonrisa ladeada, claramente solo molestándola.

Brooklyn rodó los ojos, pero se puso en pose, y le tomé la foto. Al verla en la pantalla, no pude evitar quedarme un poco embobado. Se veía increíble: el reflejo de las luces en sus ojos, ese aire despreocupado mezclado pero vivaz de una chica de ciudad.

Sin darme cuenta ella ya estaba a mi lado observando la fotografía en mi celular.

—Me gusta, pásamela— me quitó el aparato de la mano marcando su propio numero y guardándose en mis contactos. "Brooke". 




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Soooo hi :) Llevo mucho tiempo queriendo escribir esta historia. Hope you like it! Leave your comments haha. Bai.